En un mundo tan concreto como el que vivimos hoy, en que todo se mide en pesos, no es extraño que exista ansiedad de una ilusión. Eso puede explicar el entusiasmo colectivo y hasta la ternura, con que los santiaguinos observaban a la pequeña gigante y su tío.
Historias simples como ésta, interpretadas por muñecos de gran tamaño que hasta respiran, son capaces de mover multitudes pese al calor sofocante del cemento de la ciudad.La necesidad de sentir emociones más finas y no tan violentas que las que vemos, a diario, en la televisión o el cine, nos llevan a
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